Tumbados en El Molinón
Un Real Zaragoza trabajador cae ante un Sporting de Gijón con método.
El Real zaragoza no se encuentra, ni mucho ni poco, ni si quiera cuando las circunstancias del partido se le ponen de cara. Ni eso es suficiente para soltar las cabezas y liberar las piernas de unos jugadores a los que jugar al fútbol les atenaza de tal circunstancia y manera que ni siquiera el revulsivo que, histórica e histriónicamente, concede el fútbol en la llegada de un nuevo míster en estos casos.
Son 6 puntos sobre 33 disputados y tan sólo 6 goles a favor. Ni a idea se puede hacer peor, eso lo saben ya todos los zaragocistas.
Si alguien albergaba la esperanza de que fuera una malísima racha reversible o solamente cuestión de míster, la realidad futbolística de ambos equipos, uno que se hunde en la clasificación y otro que ya apunta a play off, se encargó de clarificarlo. No hay ya dónde esconderse, ni siquiera en Madrid o en Miami “Vice”. El Tsunami que es este Real Zaragoza arrasará con todos y puede que, lamentablemente, se nos lleve por delante 91 años de historia.
Ayer, el Real Zaragoza visitó el Estadio El Molinón para enfrentarse al Sporting de Gijón en un partido que prometía ser un asidero donde agarrarse “in extremis” o una debacle más. Desafortunadamente, el equipo maño no pudo llevarse nada y cayó derrotado por la mínima y con un hombre más sobre el terreno de juego tras la justa expulsión de Dubasin en el añadido de la primera parte tras revisión del VAR.
El partido comenzó con un ritmo intenso, con ambos equipos luchando por el control del balón y creando oportunidades de peligro. Con un Real Zaragoza más decidido y con las ideas más claras. Comenzó el Real Zaragoza con un 4-2-3-1 con Guti como llegador, mas cerca del ataque y con unas bandas bien asistidas por Valery y Cuenca , acompañado de un Soberón más entonado.
Sin embargo, fue el Sporting de Gijón quien abrió el marcador en el minuto 25, gracias a un gol tras saque de esquina horripilantemente defendido por la zaga maña que, tras jugada de bloqueo ensayada, permitió a Juan Otero de cabezazo certero y sin oposición, perforar la portería de un rehabilitado Adrián ante el que nada pudo hacer.
A pesar del mazazo, el Real Zaragoza reaccionó y creó ocasiones de peligro en incursiones por ambas bandas, pero la defensa local estuvo sólida y no permitió que los blanquillos obtuvieran rédito. Fue Mario Soberón el encargado por dos veces de tener las ocasiones mas claras del partido incluido un dudoso gol anulado en el minuto 47 por falta previa a Guille Rosas cuando el balón encontraba su acomodo en la portería de Ruben Yáñez. Fueron, en esa primera parte, los mejores minutos del Real Zaragoza de todo el partido, que hicieron albergar alguna esperanza de remontada. Pero el Zaragoza no supo y no le da. Si bien es cierto que los cambios del joven técnico valenciano, Rubén Sellés, con experiencia en rescatar causas perdidas en otras ligas, esta vez acusó el desconocimiento completo de una plantilla tras 5 días de preparación.
Esto muestra a las claras que ser entrenador en el Real Zaragoza es sinónimo de soledad extrema y nula cooperación al más puro estilo de popular programa televisivo “El Último Superviviente” protagonizado por Bear Grylls.
Pero aquí, en este Real Zaragoza, se necesita más un “Rambo” o un Sargento de Artillería “Tom Highway” que mantenga con vida y libere a un maltrecho Real Zaragoza al que únicamente sostiene su afición.
Comenzó una segunda parte con expectativas tras lo visto en los compases finales del primer tiempo, sin cambios y sin variaciones tácticas hasta que la inoportuna lesión de Tachi, terminó por desbaratar la pequeña revolución con la que el joven Selles inicio el encuentro en cuanto a planteamiento y nombres pero cortocircuitó al equipo al introducir tres cambios inmediatos en el minuto 60’ (Pau Sans, Sebas Moyano y Dani Gómez por Cuenca, Tachi y Soberón) que fueron la tumba de la hipotética remontada cuando el equipo lo que necesitaba era justo lo contrario (pausa, poso y recambio) de lo que aconteció en el ecuador de la segunda parte con un equipo que naufragó por el centro del ataque, cerró sus bandas y que perdió la manija del partido. Y como suele ser costumbre, la nula reacción propició la salida desordenada de los revulsivos zaragocistas en el ataque.
Ni Pau, ni Moyano ni Gómez ni Kodro en el 74’ pudieron hacer nada más que chocar contra el rompeolas de la playa de San Lorenzo. El técnico valenciano se olvidó de su mejor jugador, Bazdar, y de su mejor asistidor en línea de tres cuartos, Hugo Pinilla. Y el plan de jugar por acumulación (con variación táctica a un 4-4-2 con Saidu de lateral izquierdo) con escaso acoso y menos derribo cercenó las expectativas y la esperada reacción del equipo.
Los dieciséis saques de esquina lanzados (once de ellos en la primera parte) no encontraron rematador entre los tres palos de la portería guaje en un Molinón que vivía la situación con más nerviosismo por el exiguo resultado que por un dominio claro zaragocista a todas luces infructuoso por parte del conjunto maño.
Tan sólo cinco tiros a puerta en todo el partido del conjunto maño por dos de un Sporting que tiene en Borja Jiménez a un entrenador que es capaz de vencer y convencer a sus jugadores a pesar de las dificultades.
La realidad del equipo no deja ninguna sombra de duda…se necesitan sacar la casi mitad de los puntos por disputar o lo que es lo mismo 44 puntos…o 14 victorias y un empate…o irremediablemente aun a pesar de estar en octubre el Zaragoza puede estar virtualmente descendido a principios del 2026.
Esa es la cruda realidad deportiva que los aficionados blanquillos nos vemos abocados a presenciar en una lenta pero inexorable agonía. Cuestión de fe y cuestión de hacer, ya que dicen que Dios ayuda solo aquellos que se ayudan a sí mismos.
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