Real Zaragoza 1-0 Huesca

Más fútbol, más alma y menos mentar a la afición

No era tan difícil enchufar a una hinchada harta, no sólo de ver el mal fútbol del Real Zaragoza, sino, también, harta de ver un equipo sin alma.

El pasado domingo, simplemente saliendo con la energía con la que el equipo salió, con la intención de arrollar a su rival y embotellarlo en su área, el público del Ibercaja Estadio se volcó con el equipo. El gol y el esfuerzo continuado de los jugadores durante los noventa minutos permitieron mantener esa comunión y sacar el partido adelante. Un partido en el que, al igual que en innumerables ocasiones en el pasado, sin ir más lejos durante el final de la temporada pasada, la afición tuvo un importante papel para sostener al equipo, cuando en la segunda parte comenzaron a flaquear las fuerzas.

Pero que no se equivoquen jugadores, cuerpo técnico y directiva: la afición no responde ante las llamadas repetidas que unos y otros se han dedicado a hacer durante todo este inicio de temporada. La afición no quiere escuchar más perdones de nuestros jugadores ni más llamadas o reproches; creo poder poner voz a todo el zaragocismo si digo que estamos hartos de eso. Lo que tienen que entender es muy simple: el zaragocismo siempre está ahí, pero necesitamos ver que el equipo deja su alma en el campo.

Alma no es sólo correr, sino tener intención de ganar, de imponer el físico si no se llega con la técnica, de no bajar la cabeza, de gritarle al compañero si no es solidario o de animarle si ha fallado o ha hecho alguna acción destacada.

En resumen, es sentir orgullo por vestir nuestra amada camiseta. Si eso sucede, la afición siempre estará ahí, inevitablemente, y aunque nos duela ver en lo que se ha convertido nuestro club, estará ahí en 1RFEF, en Segunda División o dondequiera que nos lleven los inversores de turno, estén éstos en Miami o en el Metropolitano.

Esa es la pequeña gran lección que debería el equipo haber aprendido el domingo. En un encuentro ramplón, incluidos los primeros veinte minutos, bastó ver un equipo con alma que quería ir a por el partido y que disputaba cada duelo como si fuera el último para levantar a la afición.

Dicho esto, no hay que dejarse confundir por la victoria. Ante el Real Zaragoza jugó el peor rival al que se ha enfrentado nuestro equipo en esta temporada y, aún así, apenas inquietamos el área rival y la S.D. Huesca pudo empatar el encuentro. Si bien, el equipo muestra otra cara en labores defensivas, con un equipo compacto y solidario, el déficit de producción ofensiva es más que alarmante; buena prueba de ello son los ridículos ocho goles a favor en catorce partidos. Un aspecto que, sin duda, nos conduce directamente al descenso.

Si se dice alegremente que las defensas ganan campeonatos, me atrevo a afirmar que las delanteras salvan categorías.

El próximo partido en Éibar será bastante diferente y bien haría Rubén Sellés en buscar un equipo que en ataque pueda generar más. Sellés necesita darle una vuelta más al equipo arriba. Claramente, Mario Soberón no está en su mejor nivel y Kenan Kodro, que puede aportar muchas de sus cualidades en partidos en los que el rival se cierre en su área, no parece que vaya a poder explotarlas en Ipurúa.

¿Alternativas? Dani Gómez y Bazdar podrían aportar más velocidad y juego al espacio, o, en su defecto, apostar por jugar con un solo delantero, Dani Gómez, y añadir un mediapunta, aunque, salvo Pinilla, carecemos de un jugador que pueda explotar sus virtudes en posiciones más centradas.

Otro déficit a apuntar a la planificación deportiva de Txema Indias. En el resto de posiciones, salvo la obligada sustitución de Radovanovic por Saidu o Ale Gomes, es momento de mantener el bloque a la espera de recuperar a los Tachi, Paul, Cuenca o Paulino y los refuerzos que pudieran llegar en el mercado invernal.

Lo que no puede cambiar es la actitud, si es que el Real Zaragoza quiere mantener el halo de aliento que le mantiene todavía con vida en esta Segunda División.

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